Klara Lewis
Klara Lewis | «Ingrid» | Editions Mego | 2020
Klara Lewis continúa desdibujando las formas tradicionales del ambient en su tercer álbum de estudio, “Ingrid”. Editado por el emblemático sello Editions Mego, el trabajo se sumerge en una experiencia sonora que se aleja de lo complaciente, priorizando texturas densas, capas de ruido y atmósferas que transitan entre lo inquietante y lo hipnótico.
La artista sueca ha cultivado un lenguaje propio desde sus primeras entregas, y en “Ingrid” ese sello se mantiene, aunque esta vez se revela menos digital, más atmosférico, incluso físico. Lewis construye paisajes sonoros que remiten al desasosiego, al extrañamiento, utilizando no solo samples manipulados, sino también grabaciones de campo y sonidos que parecen provenir de otros mundos.
¿Cuál es el origen del título “Ingrid”?
No hay una explicación única, pero la carga emocional del nombre fue lo que me atrajo. Puede interpretarse de muchas maneras. También hay una figura personal detrás, así que es un título con un componente íntimo.
A lo largo de los cortes que componen el álbum, la artista se permite transitar por lo sensorial pero también por lo rítmico. Aunque no desde patrones ligados a la pista de baile, sino más bien con ritmos quebrados, disonantes, como pulsos o latidos que aparecen y desaparecen, generando tensiones.
“Ingrid” demuestra que el ruido también puede ser bello. Que en la ambigüedad hay profundidad, y que un sonido que incomoda puede también emocionar. Con una sutil perversidad, Lewis manipula los márgenes del minimalismo para entregar un disco desafiante e hipnótico, ideal para navegar la noche en plena vigilia.
La escucha de “Ingrid” es una invitación a sumergirse. Un espacio donde lo onírico y lo abstracto se funden con lo físico. Un viaje sin destino fijo, pero con el oído como guía.
