Nonturn

Nozom Yoneda

El área de Koenji, un barrio bohemio y contracultural al oeste de Tokio, es la fuente sonora esencial con la que trabaja el músico y artista sonoro japonés Nozom Yoneda, mejor conocido como Nonturn. Su propuesta se nutre exclusivamente de grabaciones de campo del entorno urbano, prescindiendo por completo de instrumentos tradicionales o sintetizadores digitales. Ello lo plasma en su más reciente disco «Repeating Town», editado el 22 de agosto de 2026 por el sello británico Audiobulb Records.

Estas fuentes, transformadas en piezas o fragmentos sonoros, provienen de las señales acústicas de los semáforos peatonales, el zumbido de los aires acondicionados, los pasos y conversaciones aleatorias en los shotengai (calles comerciales tradicionales), el tránsito vehicular y el ruido de las zonas en construcción. Yoneda edita y reagrupa estos elementos para aprovechar los sonidos rítmicos que marcan un beat constante y repetitivo, o bien alterna el canto de las aves con ruidos mecánicos. Al final, todo se convierte en música.

Dichos fragmentos de la vida cotidiana urbana son repetitivos y ocurren en segundo plano; el quiebre solo se produce cuando algo deja de funcionar o se interrumpe. Es precisamente ahí donde Yoneda interviene: toma esos sonidos callejeros y los deconstruye hasta dotarlos de una nueva forma musical. El mensaje es claro: observa y escucha, pues lo cotidiano también cambia en su devenir.

Agradecemos a David Newman de Audiobulb Records por apoyar la realización de esta entrevista, y al propio Nozomu Yoneda por compartir generosamente sus reflexiones.

‘Repeating Town’ tiene un título profundamente evocador y cinematográfico. ¿Qué lugares, recuerdos o paisajes urbanos específicos inspiraron el trasfondo conceptual de este álbum?

“Vivo en Koenji, una zona de Tokio que cuenta con una cantidad inusualmente alta de calles comerciales. Calle tras calle se suceden pequeñas tiendas independientes donde se puede encontrar de todo: desde ropa y alimentos hasta artículos de primera necesidad. A diferencia de un centro comercial, da la impresión de que cada tienda está regentada por una persona distinta. Es un barrio que rebosa vida. Tomando Koenji como punto de partida, exploro los alrededores a los que puedo llegar en bicicleta, en un radio aproximado de cinco kilómetros. Es una zona mayoritariamente residencial, aunque de vez en cuando visito lugares como Shinjuku, donde se alzan torres de oficinas como las de cualquier gran ciudad”.

“Hay muchas razones por las que me siento tan vinculado a la idea del ‘lugar’, pero en el ámbito de la música electrónica, la principal es combatir cierto vacío: esa sensación de que las ideas nacen exclusivamente frente a un escritorio. La música es, en esencia, una forma de ficción; por eso quiero, de algún modo, aterrizarla y dotarla de algo concreto. Sin embargo, el mundo que retrata la música —aunque influido por la realidad— nunca se limita a ella. Tomo hechos reales como base, los combino a modo de ‘collage’ y los repito hasta que surge una imagen onírica”.

«El título encierra también otro significado. La vida cotidiana es, en el fondo, una repetición monótona, ¿verdad? Recorremos los mismos caminos, decimos las mismas cosas, comemos lo mismo. Somos criaturas repetitivas. Y, sin embargo, dentro de esa repetición, cada día sucede algo ligeramente distinto. Si uno se percata de ello y lo registra, es posible crear algo valioso incluso a partir de una rutina aburrida. Esa capacidad de observación —ese cambio en la percepción— es mi verdadero tema central».

¿Cómo ha evolucionado tu identidad sonora desde tus primeros trabajos hasta este lanzamiento actual? ¿Abordaste la composición o la producción de ‘Repeating Town’ de manera diferente a la de tus proyectos anteriores?

“Mi objetivo no es siempre crear algo que surja únicamente de mi propia capacidad, sino buscar resonancia con los demás —con las multitudes, con la sociedad—, reunir los sonidos que provienen de ellos y crear música en la que coexistan diversas conciencias. Al final, muchos artistas crean obras centradas en el amor propio. Yo aspiro a crear una obra de mayor alcance, que mire un poco más hacia la sociedad”.

“Además, en esta ocasión me propuse eliminar, en la medida de lo posible, cualquier elemento que evocara la imagen de una figura humana. Es algo curioso de decir: quiero utilizar sonidos de personas, pero quiero que las personas mismas desaparezcan. En temas como “Territory” y “Jellybeans” mantuve un enfoque basado en el concepto del ‘readymade’: mostrar cosas que ya estaban ahí, evidencias de la intervención humana. Mi razonamiento era que esto daría más pie al diálogo”.

“Sin embargo, al buscar una imagen más abstracta, el mayor obstáculo es lograr identificar qué es exactamente el sonido. Por otro lado, si se lleva la abstracción al extremo, el sonido ya no necesita provenir de la ciudad; sería lo mismo que reproducirlo con un sintetizador. Así que avancé en el proyecto partiendo de la premisa de que la respuesta adecuada era ‘algo que conservara solo un leve rastro de la presencia humana’”.

Incorporas grabaciones de campo o sonidos encontrados en tus temas para construir la atmósfera de “Repeating Town”. ¿Podrías compartir algún ejemplo de una fuente sonora inusual utilizada en el álbum?

“El sonido que describiste en tu reseña como un ‘sintetizador melódico’ en el tema ‘Fathom’ es, en realidad, la señal acústica de una estación: un tono electrónico que guía a las personas con discapacidad visual hacia los torniquetes y las escaleras. Cambié la tonalidad, pero la melodía es exactamente la del propio aviso sonoro. Suena a diario en las estaciones, y nadie lo percibe como música”.

“Otro ejemplo: cuando mi hija aún era pequeña, solíamos salir a pasear juntos. Sus pasos y los sonidos de ella jugando en los columpios y estructuras del parque —grabados durante esos paseos— aparecen a lo largo de todo el álbum. En ‘Atonement’, el sonido que se oye continuamente —parecido al de un charles— son los pasos de mi hija al caminar. Los pasos de un niño pequeño tienen algo singular: la zancada, el peso y el balanceo del ritmo son totalmente distintos a los de un adulto. Y, como ella ya ha crecido, nunca podré volver a grabar esos pasos. En ese sentido, no creo que exista una fuente sonora más insólita o especial”.

“Dicho esto, realizar grabaciones de campo con una niña a cuestas resultaba complicado. Bastaba con dejarla sola un instante para que empezara a cantar o a charlar (risas). Los niños simplemente no pueden estarse quietos. Aun así, mi música también posee una vertiente romántica; es algo parecido a una remezcla de recuerdos”.

Al escuchar tu música, esta resulta muy visual; casi como la banda sonora de una película imaginaria. ¿Visualizas imágenes o arte mientras compones?

“Uno de los criterios que utilizo para evaluar mi trabajo es si una pieza me hace imaginar algo visual o alguna clase de forma. Cuando olvido el aspecto técnico y material, y empiezo a concentrarme en la imagen que proyecta la música, es señal de que se está acercando a ser realmente música”.

“La música adquiere una forma distinta cada vez que se escucha, por lo que rara vez se habla de lo que proyecta en realidad. Ahí es donde reside el valor de un videoclip: te ofrece una imagen concreta. Si la imagen está fijada —como si se tratara de una explicación—, la música resulta más fácil de consumir y se convierte en algo sobre lo que la gente puede hablar en común. Pero, sinceramente, creo que eso es un desperdicio. La imagen de la música carece de forma definida y cambia constantemente; sin embargo, en el momento en que ves el vídeo, esa imagen se queda estática”.

“También he creado un vídeo para este lanzamiento, pero no es un videoclip. No está ahí para añadir una imagen; es un documental de pantalla dividida destinado a transmitir los hechos con exactitud. Siempre que grabo audio, también filmo ese momento. En parte lo hago para llevar un registro de mis fuentes, pero también sirve como prueba del origen de cada sonido”.

“Puede que al oyente no le importe de dónde procede un sonido, pero, por alguna razón, a quien lo crea sí le importa. Qué tipo de guitarra es y dónde se fabricó; de qué fabricante y época es el sintetizador; de qué disco se sampleó la batería. Para mí, son sonidos que capté en la ciudad, pero cada uno de ellos posee su propia resonancia original y una historia que desconozco. En los proyectos de grabación de campo que presenté en «Territory» y «Repeating Town», el hecho de no utilizar instrumentos fabricados industrialmente, forma parte de su identidad”.

Ahora que “Repeating Town” ya ha visto la luz, ¿qué conceptos o direcciones musicales quisieras explorar?

“No creo que deje de centrarme en las personas como tema principal, pero un álbum que prescinde totalmente de los instrumentos parte de una desventaja musical, así que tal vez me aleje de ese enfoque. El primer paso podría ser incorporar sonidos electrónicos creados por mí mismo”.

“Quizás sea un poco tarde para plantear esto, pero un instrumento implica que el sonido ideal ya está predeterminado, lo cual supone una gran ventaja. Un compositor que escribe para piano parte de la confianza de que el instrumento siempre sonará bien. En ese sentido, autoimponerme una limitación musical resulta un tanto absurdo. ¿No debería ir eliminando esa restricción poco a poco? Es una duda que siempre ronda mi cabeza”.

“Me gustaría decidir cuál será el próximo concepto que abordaré, teniendo en cuenta también el nivel de dificultad. ¿O debería mantener a Nonturn como un proyecto de alta complejidad y crear música instrumental bajo otro nombre? Es un dilema complicado. El nombre de un proyecto es como una empresa: empieza a adquirir personalidad propia y a caminar por sí solo, por lo que cambiar su rumbo resulta difícil. Y es que no quiero dar marcha atrás”.

The bohemian, countercultural neighborhood of Koenji in western Tokyo serves as the definitive sonic foundation for Japanese musician and sound artist Nozom Yoneda, performing under the moniker Nonturn. Stepping away from traditional instruments and digital synthesizers, Yoneda builds his artistic world exclusively from field recordings captured within the urban landscape. This is reflected in his latest album, ‘Repeating Town,’ released on 22 August 2026 by the British label Audiobulb Records.

His raw materials—later reshaped into distinct soundscapes and sonic fragments—are born from the acoustic signals of pedestrian crossings, the steady hum of air conditioners, passing footsteps, and drifting conversations in shotengai (traditional shopping streets), alongside the roar of traffic and construction sites. By editing and rearranging these ambient elements, Yoneda extracts hidden rhythms to establish hypnotic, repetitive beats, occasionally juxtaposing delicate birdsong with harsh mechanical noise. Under his touch, the chaos of the city ultimately dissolves into music.

These fragments of everyday life usually function as a repetitive backdrop to our lives, noticed only when the routine breaks down or is abruptly interrupted. This friction is precisely where Yoneda intervenes: he captures these ambient street sounds and deconstructs them, molding them into an entirely new musical framework. His work carries a resonant message: we must actively observe and listen, for even the mundane constantly shifts as it unfolds.

Special thanks to David Newman of Audiobulb Records for making this interview possible, and to Nozom Yoneda for generously sharing his artistic reflections.

‘Repeating Town’ carries a deeply evocative, cinematic title. What specific places, memories, or urban landscapes inspired the conceptual backdrop of this album?

“I live in Koenji, a part of Tokyo with an unusually large number of shopping streets. Street after street is lined with small independent shops, and you can find everything there, from clothes to groceries to daily necessities. Unlike a shopping mall, each shop feels like it’s run by a different person. It’s a neighborhood that is still alive. With Koenji at the center, I explore the area I can reach by bicycle, roughly a five-kilometer radius. It’s mostly residential, but now and then I also go to places like Shinjuku, where the office towers stand the way they do in any big city.”

“There are many reasons why I’m so attached to a sense of ‘place’, but with electronic music, the main one is to push back against a certain emptiness, the feeling of ideas conceived entirely at a desk. Music is a kind of fiction to begin with, so I want to somehow bring it down to earth and give it something concrete. But the world music depicts, while it’s influenced by reality, is never limited by it. I take real facts as a base, combine them like a collage, and repeat them until a dreamlike image appears.”

“The title has another meaning too. Everyday life is also a boring repetition, isn’t it? We walk the same roads, say the same things, eat the same food. We are repetitive creatures. And yet, within that repetition, something slightly different happens every day. If you notice it and record it, you can make something even out of a boring daily life. That noticing — a change in perception — is my real theme.”

How has your sonic identity evolved from your earlier works to this current release? Did you approach the composition or production of ‘Repeating Town’ differently than previous projects?

“My consistent aim is not to make something that emerges from my own power alone, but to seek resonance with others — with crowds, with society — to assemble the sounds that come from them, and to make music in which many different consciousnesses exist at the same time. In the end, many artists make work that is about self-love. I hope to make work with a wider reach, one that looks a little more toward society.”

“On top of that, what I worked on this time was erasing, as much as possible, anything that calls up the image of a human figure. It’s a strange thing to say — I want to use the sounds of people, but I want the people themselves to disappear. On ‘Territory’ and ‘Jellybeans’ I kept a readymade way of thinking: showing things that were already there, evidence that human hands had been involved. My reasoning was that this would leave more to discuss.”
But for a more abstract image, the biggest obstacle is being able to tell what a sound is. On the other hand, if you abstract too much, there’s no longer any need for the sound to come from the city at all. It would be the same as playing it on a synthesizer. So I moved the project forward on the assumption that the right answer was ‘something with only a faint trace of people.’»

You incorporate field recordings or found sounds into your tracks to build the atmosphere of ‘Repeating Town’. Could you share an example of an unusual sound source used on the album?

“The sound you described in your review as a ‘melodic synth’ on ‘Fathom’ is actually a station’s guide chime — an electronic chime that leads visually impaired people toward the ticket gates and stairs. I changed the key, but the melody is exactly the chime’s own. It rings every day in the stations, and nobody listens to it as music.”

“Another one: when my daughter was still small, we often went for walks together. Her footsteps and the sounds of her playing on the playground equipment, recorded on those walks, are used all over the album. On ‘Atonement,’ the sound you hear continuously, like a hi-hat, is my daughter walking. A small child’s footsteps are a strange thing — the stride, the weight, the way the rhythm sways are completely different from an adult’s. And since she has grown up now, I can never record those footsteps again. In that sense, I don’t think there’s a rarer or more special sound source.”

“That said, field recording with a child along was hard going. Leave her alone for a moment and she’d start singing or chatting (laughs). Children just can’t stay quiet. But still, my music has a romantic side too — something like a remix of memories.”

When listening to your music, it feels highly visual — almost like a soundtrack to an imaginary film. Do you visualize imagery or art while you are composing?

“One of my passing marks is whether a piece makes me imagine something visual, or some kind of shape. When I forget the material, technical side and start concentrating on the image the music projects, that’s a sign it’s getting closer to being music.”

“Music takes a different shape every time you hear it, so people rarely talk about what it actually projects. That’s where the value of a music video lies: it hands you an image. If the image is fixed, as if explained, the music becomes easier to consume, and it becomes something people can talk about together. But honestly, I think that’s a waste. The image of music is formless and keeps changing, yet the moment you watch the video, the image settles into place.”

“I made a video for this release too, but it isn’t a music video. It isn’t there to add an image — it’s a split-screen documentary meant to convey the facts accurately. Whenever I record, I also film that moment. It’s partly so I can keep track of my sources, but it’s also evidence of what each sound was.”

“Where a sound came from may not matter to the listener, but for some reason it matters to the person making it. What kind of guitar, made where; which maker’s synth, from what era; which record the drums were sampled from. For me, these are sounds I picked up from the city, but every single one has its original resonance and a story I don’t know. In the field recording projects I presented on ‘Territory’ and ‘Repeating Town’, never using industrially made instruments is part of their identity.”

Now that ‘Repeating Town’ is out in the world, what concepts or musical directions are you eager to explore next?

“I don’t think I’ll stop making people my theme, but an album that completely rejects instruments is musically at a disadvantage, so I may move away from that. The first step might be to open things up to electronic sounds I make myself.”

“It’s a bit late to be saying this, but an instrument means the ideal sound has been made in advance, and that’s a big advantage. A composer writing for piano starts from a trust that the piano will always sound good. In that sense, setting a musical handicap for myself is also a little ridiculous. Shouldn’t I remove that limiter step by step? That kind of doubt is always crossing my mind.”

“I’d like to decide on the next concept to take on while also weighing the difficulty setting. Or should Nonturn stay as a high-difficulty character, with instrumental music under another name? It’s a tricky problem. A project name is like a company: it starts to take on a personality of its own and walks on its own feet, so changing its course is hard. Because I don’t want to turn back.”

‘Indicate’ from the album ‘Repeating Town’
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Guillermo Escudero

Música Marginal, Loop

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