Sampieri

El Mediterráneo imaginario desde los Andes
Hay discos que se escuchan y otros que se habitan. “Paraíso”, publicado en 2024 por Sampieri, pertenece a esta última categoría. Más que una colección de canciones, estamos frente a una obra conceptual que construye un territorio sonoro propio, donde los Andes sudamericanos dialogan con Sicilia, Bizancio, el Levante, el mundo árabe y las antiguas culturas del Mediterráneo.
Detrás de Sampieri está Sebastián Sampieri Santos, músico de Santiago de Chile, activo desde comienzos de los años 2000 tanto en proyectos solistas como en la recordada banda de culto El Cóndor y el Huemul (1). A través de los años ha desarrollado un lenguaje musical marcado por la exploración atmosférica, el cuidado por la textura y una sensibilidad abierta a los cruces culturales.
Grabado, mezclado y masterizado por Luis Rosales en Estudio La Tostadora entre 2020 y 2024, Paraíso fue publicado el 5 de julio de 2024 y reúne a Sebastián Sampieri en voz, guitarra, bajo, sintetizadores y programaciones, acompañado por María Fernanda Miranda y Estefanía Duarte en coros, Voz de Hombre en voces y coros, y Álvaro Orellana en batería.
Desde el inicio con “El Bosque de Babel”, el disco nos sitúa frente a un paisaje casi palpable. El viento, el mar y una sensación de inmensidad mediterránea aparecen como una puerta de entrada a una geografía de la memoria.
“Old Chicago Boys” aporta un carácter más lúdico y misterioso. Hay en ella ecos de una espiritualidad antigua, casi medieval, pero al mismo tiempo la luminosidad de una costa italiana, como si la música transitara entre lo sagrado y la vida cotidiana.
“Noches Blancas” es quizás uno de los momentos más cinematográficos del álbum. Su belleza melódica recuerda el cierre de una película italiana o griega. La sombra de Franco Battiato aparece como una presencia afectiva y estética. El gran cantautor siciliano, fallecido en 2021, parece estar presente como un espíritu tutelar, algo especialmente significativo considerando las raíces italianas que atraviesan la sensibilidad del proyecto.
Pero “Paraíso” no se queda en Italia. En “Cóndores” se produce uno de sus gestos más hermosos: el encuentro entre la majestuosidad de la cordillera andina y las antiguas memorias mediterráneas. Es un diálogo imaginario entre montañas, pueblos y formas de comprender la belleza.
“Jaurías” desplaza el viaje hacia el interior. Su extraordinario estribillo y su reflexión sobre los días vividos transforman la canción en una meditación sobre el tiempo, la memoria y las distintas fuerzas que habitan una biografía.
Con “Islas” aparecen ecos de esa “decadencia de occidente” que bellamente representa Dead Can Dance y cuya sensibilidad es cercana al mundo bizantino y oriental. Es una pieza suave y contemplativa, donde la música parece flotar en un territorio situado entre Oriente y Occidente.
“Drones”, probablemente uno de los puntos más altos del álbum, se atreve a recorrer terrenos próximos al dark ambient. Es una composición panorámica y expansiva donde se perciben resonancias helénicas, bizantinas, árabes, levantinas, moriscas e incluso otomanas. Es el momento en que el Mediterráneo se manifiesta en toda su complejidad histórica y cultural.
El cierre con “Resucitar” evita caer en la grandilocuencia. Mantiene la misma delicadeza que recorre todo el trabajo y propone una resurrección entendida como permanencia de la memoria, de los afectos y de los lugares que nos constituyen.
Existe además una dimensión profundamente humana en el álbum. Paraíso está dedicado a Marisol Barrios, cantante de El Cóndor y el Huemul; a Paulina Fernández, destacada académica del ámbito de las ciencias sociales; y al profesor Diego Pestai, recordado in memoriam. Estas dedicatorias revelan que bajo los paisajes lejanos y las referencias culturales existe una reflexión constante sobre quienes permanecen en nuestra memoria.
Mención especial merece el trabajo visual de Artes Unidas, cuyo arte acompaña perfectamente el universo del disco. La portada y su propuesta gráfica no son un simple complemento, sino una extensión natural de esta obra contemplativa y cinematográfica.
En una época dominada por la velocidad y el consumo inmediato de canciones aisladas, “Paraíso” reivindica la experiencia del álbum como viaje. Es un disco que exige tiempo, atención y disposición para recorrer sus paisajes.
Sampieri ha logrado construir algo poco frecuente: un Mediterráneo imaginario visto desde Chile, un puente entre el Pacífico y las costas antiguas del mar interior, donde los recuerdos personales, las civilizaciones y los paisajes continúan dialogando en un mismo horizonte.
(1) El huemul (Hippocamelus bisulcus) es un mamífero herbívoro de la familia de los ciervos, exclusivo de los bosques andino-patagónicos de América del Sur. Es uno de los animales más emblemáticos de Chile, declarado Monumento Natural y símbolo patrio oficial.
The Imaginary Mediterranean from the Andes
There are albums you listen to and others you inhabit. Paraíso, released in 2024 by Sampieri, belongs to the latter category. More than a collection of songs, it’s a conceptual work that constructs its own sonic territory, where the South American Andes converse with Sicily, Byzantium, the Levant, the Arab world, and the ancient cultures of the Mediterranean.
Behind Sampieri is Sebastián Sampieri Santos, a musician from Santiago, Chile, active since the early 2000s in both solo projects and the fondly remembered cult band El Cóndor y el Huemul. Over the years, he has developed a musical language marked by atmospheric exploration, a meticulous attention to texture, and a sensitivity open to cultural exchange.
Recorded, mixed, and mastered by Luis Rosales at Estudio La Tostadora between 2020 and 2024, ‘Paraíso’ was released on July 5, 2024, and features Sebastián Sampieri on vocals, guitar, bass, synthesizers, and programming, accompanied by María Fernanda Miranda and Estefanía Duarte on backing vocals, Voz de Hombre on vocals and backing vocals, and Álvaro Orellana on drums.
From the opening track, “El Bosque de Babel” (‘The Forest of Babel’), the album places us before an almost tangible landscape. The wind, the sea, and a sense of Mediterranean immensity appear as a gateway to a geography of memory.
‘Old Chicago Boys’ brings a more playful and mysterious character. It contains echoes of an ancient, almost medieval spirituality, but at the same time, the luminosity of an Italian coast, as if the music were moving between the sacred and everyday life.
‘Noches Blancas’ (‘White Nights’) is perhaps one of the most cinematic moments on the album. Its melodic beauty evokes the closing credits of an Italian or Greek film. The shadow of Franco Battiato looms large, both emotionally and aesthetically. The great Sicilian singer-songwriter, who passed away in 2021, seems to be present as a guiding spirit, something especially significant considering the Italian roots that permeate the project’s sensibility.
But Paraíso doesn’t remain confined to Italy. In ‘Cóndores,’ one of its most beautiful gestures unfolds: the encounter between the majesty of the Andes Mountains and ancient Mediterranean memories. It’s an imagined dialogue between mountains, villages, and ways of understanding beauty.
‘Jaurías’ shifts the journey inward. Its extraordinary chorus and its reflection on lived experiences transform the song into a meditation on time, memory, and the various forces that inhabit a life story.
With ‘Islas,’ echoes of that «decadence of the West» so beautifully represented by Dead Can Dance emerge, a sensibility akin to the Byzantine and Eastern worlds. It is a gentle and contemplative piece, where the music seems to float in a territory situated between East and West.
‘Drones,’ probably one of the album’s highlights, ventures into territory bordering on dark ambient. It is a panoramic and expansive composition where Hellenic, Byzantine, Arabic, Levantine, Moorish, and even Ottoman resonances can be perceived. It is the moment when the Mediterranean manifests itself in all its historical and cultural complexity.
The closing track, ‘Resucitar’ (‘Resurrect’), avoids grandiloquence. It maintains the same delicacy that runs throughout the work and proposes a resurrection understood as the permanence of memory, affections, and the places that constitute us.
There is also a profoundly human dimension to the album. ‘Paraíso’ is dedicated to Marisol Barrios, singer of the experimental duo El Cóndor y el Huemul; to Paulina Fernández, a distinguished academic in the field of social sciences; and to Professor Diego Pestai, remembered in memoriam. These dedications reveal that beneath the distant landscapes and cultural references lies a constant reflection on those who remain in our memory.
Special mention must be made of the visual work by Artes Unidas, whose art perfectly complements the album’s universe. The cover and its graphic design are not merely an addition, but a natural extension of this contemplative and cinematic work.
In an era dominated by speed and the immediate consumption of isolated songs, ‘Paraíso’ champions the album experience as a journey. It is an album that demands time, attention, and a willingness to explore its landscapes.
Sampieri has managed to construct something rare: an imaginary Mediterranean seen from Chile, a bridge between the Pacific and the ancient shores of the inland sea, where personal memories, civilizations, and landscapes continue to converse on a shared horizon.
