T.U.
Max de T.U. | «Rite» | False Industries | 2020
La música de T.U., proyecto del músico israelí Shay Tzivion, respira lo impenetrable. Y no solo lo construye desde los elementos que lo componen, sino también desde la secuencia misma de la obra, en su desarrollo y estructura.
En Rite conviven sonidos sintéticos con cuerdas, un piano contenido y sampleos incluso de música folklórica israelí. Todo toma forma dentro de una narrativa cinematográfica que conecta la música de autores como Ben Frost con el lado oscuro del ambient japonés, sin necesariamente atarse a estos referentes y más bien invocando ese tipo de sensaciones con elementos más personales.
El resultado es un disco profundo, introspectivo, donde lo experimental se equilibra entre la creación de ambientes oscuros, lo rítmico que se arrastra lentamente y lo melódico que entierra cada pasaje. Un notable trabajo de producción que sabe cuándo dejar espacio a cada sonido y cuándo la saturación puede ser parte del mismo discurso expresivo.
¿Puedes contarnos sobre el origen de este proyecto y cómo nació T.U.?
Durante mucho tiempo experimenté con diferentes tipos de música, ya sea electrónica, rock, jazz, en diversos roles y contextos. Con el tiempo, se fue formando un lenguaje musical en mi cabeza, y sentí que necesitaba crear una plataforma donde pudiera desarrollarlo libremente. T.U. surgió de esa necesidad, y siempre estoy tratando de redefinir sus bordes.
En «Rite» mezclas elementos electrónicos, acústicos y también sonidos de grabaciones de campo. ¿Cuál es tu enfoque para combinar estas fuentes tan diferentes?
Gran parte de mi curiosidad como creador de sonido está relacionada con la búsqueda de nuevas combinaciones de timbres y contextos. Cada elemento tiene una vibración única, un mundo de significados. Cuando busco combinarlos, primero trato de sentir cómo dialogan. Como una conversación entre extraños. A veces se pelean, a veces se abrazan. Ahí es donde encuentro lo más interesante.
Algunos fragmentos evocan paisajes oscuros o incluso cinematográficos. ¿Te relacionas conscientemente con estas sensaciones al crear?
Sí, suelo trabajar en capas, y una de esas capas puede ser emocional o expresiva. En este caso, creo que muchos de los sonidos vienen de un lugar algo melancólico y oscuro. Las visuales también son parte importante del proceso. Imágenes muy claras a veces inspiran sonidos y viceversa. No pienso en términos de «hacer música cinematográfica», pero sí me interesa mucho la intersección entre música e imagen.
¿Cómo fue el proceso de producción técnica del disco?
Las grabaciones se realizaron en mi pequeño estudio en Tel Aviv y en casa. Grabé yo mismo la mayoría de los instrumentos, y también trabajé con algunos músicos invitados. Usé una combinación de micrófonos de campo, instrumentos acústicos, sintetizadores y procesamiento digital. La mezcla fue un proceso largo, ya que quise lograr un balance cuidadoso entre el detalle y la densidad.
¿Tienes algún instrumento o técnica que haya sido central en «Rite»?
Uno de mis instrumentos favoritos para este disco fue el sampler. Trabajé muchísimo con grabaciones manipuladas: algunas hechas por mí, otras encontradas. Modificarlas, distorsionarlas, llevarlas a otros lugares fue clave para encontrar texturas únicas. También el piano tuvo un rol importante, incluso si aparece procesado o escondido.
¿Cuál fue tu motivación personal al hacer este disco?
Creo que fue una combinación de búsqueda personal y necesidad de expresión. Estaba atravesando un momento complejo, tratando de entender algunos aspectos de mi historia personal y mi entorno. «Rite» se convirtió en una especie de ritual o ceremonia privada, una forma de canalizar todo eso.
