Thanatoloop

Cover photo by NUR

«Bioanarquía»: El conservadurismo de lo vivo.

Afortunadamente, esta hermosa edición en cassette de «Bioanarquía» llegó a nuestras manos, y su llegada posee una pequeña historia que no deja de ser significativa: este ejemplar fue obtenido mediante un trueque. No hubo intercambio económico ni una transacción comercial tradicional, sino un gesto antiguo de intercambio entre personas. Hay algo profundamente coherente e incluso levemente anárquico en ese origen, como si el propio objeto hubiese llegado siguiendo una lógica distinta a la del mercado. Quizás sea una coincidencia, pero resulta una bella puerta de entrada a un álbum que, desde su propio título, nos habla de otras formas de relación con la vida, la memoria y la creación artística.

Publicado el 4 de agosto de 2023, el álbum representa un nuevo capítulo dentro del universo de Thanatoloop, proyecto encabezado por Michel Leroy-Valdés, quien asume voz, electrónica, sintetizadores, guitarras, batería acústica, percusión, pifilka, manipulación de cintas, mezcla y producción. Lo acompaña Esteban Delgado en electrónica y batería.
El arte visual pertenece a Nur y la masterización estuvo a cargo de Randall Frazier, miembro activo de la formación contemporánea de The Legendary Pink Dots. Este vínculo resulta especialmente significativo considerando la profunda huella que la agrupación ha dejado en la sensibilidad artística de Michel Leroy-Valdés y en la construcción de su imaginario musical.

La propuesta visual merece una mención especial. La portada nos presenta un paisaje de cascadas, vegetación exuberante y un arcoíris suspendido sobre un mundo aparentemente intacto, una naturaleza que parece existir más allá de toda intervención humana. Pero la belleza de la edición va mucho más allá de la imagen: el objeto mismo posee una delicadeza extraordinaria. El predominio del blanco, la limpieza de sus líneas, la presentación pulcra de la caja y el cassette transparente protegido en una espuma negra generan una sensación de pureza, de algo casi inmaculado, como si resguardara un pequeño fragmento de un mundo aún no contaminado.

Existe una paradoja hermosa en ello: mientras la música recorre territorios industriales, memorias espectrales, mutaciones y paisajes postapocalípticos, el soporte físico conserva una imagen de origen, de agua, piedra, bosque y luz. Es como si la tecnología del cassette se transformara en una pequeña cápsula de conservación de la vida. Quizás ahí la idea de “Bioanarquía: el conservadurismo de lo vivo” encuentra una de sus expresiones más claras.

El álbum está dedicado a su padre belga, Emil, a su abuelo Zócimo y a sus amigos Rodrigo, Cuervo, Fernando y Cris. Desde ese primer gesto queda claro que detrás de estas composiciones existe una obra atravesada por la memoria, los afectos y aquellas presencias que continúan habitando nuestra existencia.

El título «Bioanarquía» es, de por sí, profundamente sugerente. Sin necesidad de transformarlo en un manifiesto teórico, puede entenderse como una reivindicación de una fuerza vital que se resiste a la domesticación. En este sentido, la bioanarquía parece proponer una forma distinta de conservadurismo: no el conservadurismo político asociado a las instituciones, las tradiciones o las élites, sino un conservadurismo de lo vivo, de aquello que conserva su capacidad de mutar, adaptarse y sobrevivir.

La anarquía, entonces, no aparece como una simple negación del orden, sino como la defensa de una energía primordial, biológica y natural que precede a los sistemas de control y que constantemente encuentra nuevas formas de escapar a ellos. En este punto resulta imposible no reconocer la influencia de Georges Bataille sobre Michel Leroy-Valdés, especialmente en esa fascinación por los límites, la transgresión y aquello que desborda las categorías establecidas. Junto a ello convive la melancolía psicodélica y onírica heredada de The Legendary Pink Dots, dos coordenadas esenciales para comprender este trabajo.

La apertura con «Pasión feliz (baila el corazón)» funciona como una declaración de principios. Hay algo en el fraseo vocal que inevitablemente nos recuerda a nuestro querido Jorge González y a cierta sensibilidad de la canción chilena. Sin embargo, rápidamente emerge esa melancolía europea, psicodélica y ensoñadora que encontramos en los mejores momentos de The Legendary Pink Dots. La interpretación de Michel se muestra intensa, vehemente y con una madurez vocal que será una de las grandes virtudes de todo el disco.

Con «Metanoia (nuevos caminos)» el álbum comienza a desplegar plenamente sus posibilidades. Si en una primera escucha alguien pudo pensar que se encontraba frente a una obra ligada exclusivamente a ciertos códigos de la música alternativa sudamericana, esta pieza abre inmediatamente un horizonte mucho más amplio: un paisaje musical panorámico, atmosférico y sin fronteras. Las voces de fondo, guturales y espectrales, entregan una dimensión casi ritual, con un aire apocalíptico y transformador. Sin duda, uno de los grandes momentos de «Bioanarquía».

Uno de los momentos más sorprendentes aparece con «Si lo ves quemarse, déjalo arder (post-amor)», una versión profundamente lisérgica de La Vie en Rose. La canción aparece como una pequeña cápsula de nostalgia en un universo tecnificado y deshumanizado, como si una antigua transmisión llegara desde los mundos de películas como «12 Monos» o «Brazil»: un recuerdo hermoso flotando entre las ruinas del futuro.

Pero esta pieza posee además una resonancia profundamente personal. Entre sus ecos y reverberaciones fantasmagóricas aparecieron recuerdos de mi infancia. Crecí escuchando a Édith Piaf gracias a mi madre, gran admiradora de la cantante francesa, y por momentos la experiencia se asemejó a la de un personaje del universo de Tarkovsky, enfrentado al regreso inesperado de una presencia amada desde la memoria. Allí radica uno de los grandes triunfos de Thanatoloop: convertir una canción conocida en un puente entre el pasado, el sueño y la emoción.

«Anarquía Primaveral (desmantelar la historia)» funciona como un intermedio dramático dentro de la arquitectura del álbum. Es una pausa de suspenso y de incertidumbre, propia de los discos con una construcción conceptual cuidada. No sabemos hacia dónde nos conducirá esta deriva, y precisamente en esa falta de resolución está parte de su encanto. Sus fondos oscuros y las voces de carácter casi sacro preparan el terreno para la siguiente transformación.

Inner sleeve of Thannatoloop’s ‘Bioanarquía’ album

Con «Nada es de Nadie (no acallarán la rabia)» aparece uno de los contrastes más interesantes del trabajo. Una secuencia de teclados lúdica, juguetona e incluso bailable nos remite inmediatamente al universo de Silverman y The Legendary Pink Dots. Sobre esa base emerge el trabajo vocal de Michel Leroy-Valdés con una intensidad dramática notable. La voz surge desde la garganta como un canal de urgencia, lamento, comunicación y esperanza, como una expresión del quinto chakra asociado simbólicamente a la palabra y la expresión. Quienes conocen la trayectoria de Thanatoloop pueden apreciar el enorme crecimiento de Michel como cantante: su voz ya no es solamente una textura más dentro de la composición, sino un instrumento con personalidad propia y reconocible.

El cierre con «Mutaciones (bioanarquía)», la extensa pieza que da nombre al álbum, constituye otro de los puntos culminantes del disco y una de nuestras favoritas. Aquí el viaje gira hacia una electrónica más dura, industrial y radioactiva, cercana en ciertos momentos a los trabajos de Carter Tutti Void. Son frecuencias graves, densas y envolventes que no buscan la agresión de los sonidos estridentes, sino construir una experiencia inmersiva, panorámica y de enorme profundidad.

Todo «Bioanarquía» demuestra un extraordinario sentido de composición. Cada pieza posee una identidad propia y explora territorios distintos; sin embargo, ninguna rompe la unidad del conjunto. Allí está uno de los mayores logros de Michel Leroy-Valdés: crear un álbum donde conviven la canción, la psicodelia, la electrónica, el ruido y los ambientes contemplativos sin perder jamás un hilo conductor.

Ojalá en el futuro podamos disfrutar este trabajo en otros formatos físicos, como CD o, idealmente, vinilo. La riqueza de sus capas musicales y la calidad de su producción merecen una permanencia material que permita nuevas escuchas y nuevos descubrimientos.

En este sentido, «Bioanarquía» no constituye un simple pataleo circunstancial frente a los acontecimientos de una época. Su alcance es mayor: se transforma en una denuncia ontológica e histórica, una lucha contra las estructuras que limitan la existencia humana, una batalla que Michel Leroy-Valdés ha desarrollado a lo largo de toda su trayectoria artística.

Como decía el gran John Balance: “Perseverancia es todo”. Esa insistencia en seguir creando, registrando y transformando la experiencia en música parece ser una de las grandes virtudes de la obra de Michel.

Quizás ahí reside una de las mayores paradojas del arte: saber que la memoria es frágil y que el tiempo terminará por borrar todas las huellas, y aun así seguir creando, seguir insistiendo, seguir transformando el ruido, el recuerdo y la experiencia en belleza.
Todo será olvidado y todo estará bien.

Michel Leroy-Valdés

‘Bioanarquía’: The conservatism of the living.

Fortunately, this beautiful cassette edition of ‘Bioanarquía’ came into our hands, and its arrival has a small but significant story: this copy was obtained through a barter. There was no economic exchange or traditional commercial transaction, but rather an ancient gesture of exchange between people. There is something profoundly coherent and even slightly anarchic about that origin, as if the object itself had arrived following a logic different from that of the market. Perhaps it is a coincidence, but it makes for a beautiful gateway to an album that, from its very title, speaks to us of other ways of relating to life, memory, and artistic creation.

Released on August 4, 2023, the album represents a new chapter within the universe of Thanatoloop, a project led by Michel Leroy-Valdés, who handles vocals, electronics, synthesizers, guitars, acoustic drums, percussion, pifilka (a traditional Andean flute), tape manipulation, mixing, and production. He is accompanied by Esteban Delgado on electronics and drums.

The artwork is by NUR, and the mastering was handled by Randall Frazier, an active member of the contemporary lineup of The Legendary Pink Dots. This connection is especially significant considering the profound influence the band has had on Michel Leroy-Valdés’s artistic sensibility and the development of his musical vision.

The visual design deserves special mention. The cover presents a landscape of waterfalls, lush vegetation, and a rainbow suspended over a seemingly untouched world—a nature that appears to exist beyond all human intervention. But the beauty of the edition goes far beyond the image: the object itself possesses an extraordinary delicacy. The predominance of white, the clean lines, the pristine presentation of the box, and the transparent cassette protected by black foam create a feeling of purity, of something almost immaculate, as if it were safeguarding a small fragment of a world yet to be contaminated.

There’s a beautiful paradox in this: while the music traverses industrial territories, spectral memories, mutations, and post-apocalyptic landscapes, the physical medium preserves an image of origin—of water, stone, forest, and light. It’s as if cassette technology transforms into a small capsule for preserving life. Perhaps therein lies one of the clearest expressions of the idea of ‘Bioanarquía: the conservatism of the living.’

The album is dedicated to his Belgian father, Emil, his grandfather Zócimo, and his friends Rodrigo, Cuervo, Fernando, and Cris. From this initial gesture, it’s clear that behind these compositions lies a work imbued with memory, affection, and those presences that continue to inhabit our existence.

The title ‘Bioanarquía’ is, in itself, profoundly suggestive. Without needing to transform it into a theoretical manifesto, it can be understood as a vindication of a vital force that resists domestication. In this sense, ‘Bioanarquía’ seems to propose a different form of conservatism: not the political conservatism associated with institutions, traditions, or elites, but a conservatism of life, of that which retains its capacity to mutate, adapt, and survive.

Anarchy, then, does not appear as a simple negation of order, but as the defense of a primordial, biological, and natural energy that precedes systems of control and constantly finds new ways to escape them. At this point, it is impossible not to recognize the influence of Georges Bataille on Michel Leroy-Valdés, especially in that fascination with limits, transgression, and that which overflows established categories. Alongside this coexists the psychedelic and dreamlike melancholy inherited from The Legendary Pink Dots, two essential coordinates for understanding this work.

The opening track, ‘Pasión feliz (baila el corazón)’ (‘Happy Passion (The Heart Dances’), functions as a declaration of principles. There is something in the vocal phrasing that inevitably reminds us of our beloved Jorge González and a certain sensibility of Chilean song. However, that European, psychedelic, and dreamy melancholy we find in the best moments of The Legendary Pink Dots quickly emerges. Michel’s performance is intense, vehement, and displays a vocal maturity that will be one of the album’s greatest strengths.

With ‘Metanoia (nuevos caminos),’ the album begins to fully unfold its potential. If on first listen someone might have thought they were facing a work exclusively linked to certain codes of South American alternative music, this piece immediately opens up a much broader horizon: a panoramic, atmospheric, and borderless musical landscape. The background vocals, guttural and spectral, deliver an almost ritualistic dimension, with an apocalyptic and transformative air. Undoubtedly, one of the highlights of ‘Bioanarquía.’

One of the most surprising moments comes with ‘Si lo ves quemarse, déjalo arder (post-amor),’ a profoundly lysergic version of ‘La Vie en Rose.’ The song emerges like a small capsule of nostalgia in a technologize and dehumanized universe, as if an ancient transmission were arriving from the worlds of films like ‘12 Monkeys’ or ‘Brazil’: a beautiful memory floating among the ruins of the future.

But this piece also possesses a deeply personal resonance. Among its echoes and ghostly reverberations, memories of my childhood surfaced. I grew up listening to Édith Piaf thanks to my mother, a great admirer of the French singer, and at times the experience resembled that of a character from Tarkovsky’s universe (‘Solaris,’1972), confronted by the unexpected return of a beloved presence from memory. Therein lies one of Thanatoloop’s great triumphs: transforming a familiar song into a bridge between the past, dreams, and emotion. ‘Anarquía Primaveral (desmantelar la historia)’ functions as a dramatic interlude within the album’s architecture. It’s a pause of suspense and uncertainty, typical of albums with a carefully crafted concept. We don’t know where this drift will lead us, and it’s precisely in this lack of resolution that part of its charm lies. Its dark backgrounds and almost sacred vocals prepare the ground for the next transformation.

With ‘Nada es de Nadie (no acallarán la rabia)’ (‘Nothing Belongs to Anyone (They Won’t Silence the Rage)’ one of the most interesting contrasts of the work appears. A playful, whimsical, and even danceable keyboard sequence immediately evokes the world of Silverman and The Legendary Pink Dots. Upon this foundation, Michel Leroy-Valdés’s vocal work emerges with remarkable dramatic intensity. The voice rises from the throat as a channel of urgency, lament, communication, and hope, as an expression of the fifth chakra, symbolically associated with the word and expression. Those familiar with Thanatoloop’s trajectory can appreciate Michel’s enormous growth as a singer: his voice is no longer just another texture within the composition, but an instrument with its own distinct and recognizable personality.

The closing track, ‘Mutaciones (bioanarquía),’ the expansive piece that lends its name to the album, is another highlight and one of our favorites. Here, the journey shifts towards a harder, more industrial, and radioactive electronic sound, at times reminiscent of Carter Tutti Void’s work. These are deep, dense, and enveloping bass frequencies that don’t aim for the aggression of strident sounds, but rather to construct an immersive, panoramic, and profoundly deep experience.

The entire ‘Bioanarquía’ demonstrates an extraordinary sense of composition. Each piece possesses its own identity and explores distinct territories; however, none breaks the unity of the whole. Therein lies one of Michel Leroy-Valdés’s greatest achievements: creating an album where song, psychedelia, electronica, noise, and contemplative atmospheres coexist without ever losing a cohesive thread.

Hopefully, in the future, we can enjoy this work in other physical formats, such as CD or, ideally, vinyl. The richness of its musical layers and the quality of its production deserve a lasting physical presence that allows for new listens and new discoveries. In this sense, ‘Bioanarquía’ is not simply a circumstantial outburst against the events of our time. Its scope is greater: it becomes an ontological and historical denunciation, a struggle against the structures that limit human existence, a battle that Michel Leroy-Valdés has waged throughout his entire artistic career.

As the great John Balance said, ‘Perseverance is everything.’ This insistence on continuing to create, record, and transform experience into music seems to be one of the great virtues of Michel’s work.

Perhaps therein lies one of the greatest paradoxes of art: knowing that memory is fragile and that time will eventually erase all traces, and yet continuing to create, continuing to persist, continuing to transform noise, memory, and experience into beauty.
‘Everything will be forgotten, and everything will be well’.

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Jan Klaus

Musick, Sociology, Occultism, Curatory

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